martes, 4 de mayo de 2010

Luces de invierno en la ciudad.


Una fría noche de noviembre, caminaba Isabel a través del parque, fantaseando como siempre. Su imaginación desbordante le animaba a escribir cuentos todas las noches. Cuentos que guardaba en un cajón a la espera de ser escuchados por su futuro hijo, que nacería pronto. Desde muy pequeña le había sido fácil evadirse de la realidad y escapar a lugares fantásticos e insólitos donde alcanzaba plena armonía con la naturaleza que la rodeaba. Su mirada, después de sus años de evasión, se había tornado perdida, pero no carente de vida, y sus ojos brillaban siempre de manera casi imposible, como un reflejo verosímil de sus mundos creados. En ocasiones volvía a aquellos paisajes y seguía explorando más allá, hasta completar mapas enteros. Atravesaba bosques encantados, mares enfurecidos, selvas inhóspitas. Isabel soñaba despierta, porque Isabel no soñaba dormida. Cuando caía rendida en los brazos de la noche, lo único que Isabel veía en su mente eran luces borrosas que intentaban tornarse nítidas y completar una historia, pero su sueño se bloqueaba y no avanzaba nunca. Su madre decía que era porque ella nació en plena calle y cuando la vio por primera vez abrió mucho los ojos, antes de romper a llorar, rodeada de luces de invierno en la ciudad.

4 comentarios:

  1. Bonita descripción. Es tan detallada que soy capaz de ponerme en el lugar de ella.

    Saludos.

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  2. No te preocupes, gracias a ti por devolver la visita, y me alegra de que sea de tu agrado.

    Un beso.

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